Antes de dar clases, yo era alumna. Empecé cosiendo por pura curiosidad, sin ningún objetivo más allá de entretenerme, y terminé formándome como profesora de Patchwork en Quilty's. Por el camino aprendí que la costura, cuando se comparte, se disfruta el doble.
Los primeros puntos
Como casi todo el mundo, empecé con proyectos pequeños: fundas de cojín, algún bolso, arreglos sencillos. El patchwork llegó un poco después, casi de casualidad, y desde el primer bloque supe que era la técnica en la que quería especializarme: la precisión, el juego de color, la paciencia que exige.
La formación en Quilty's
Formarme como profesora en Quilty's fue un punto de inflexión. No solo perfeccioné la técnica, también aprendí a explicarla: a anticipar las dudas de quien empieza, a adaptar cada ejercicio al ritmo de cada alumna, a hacer que el proceso fuera disfrutable y no solo correcto.
"Enseñar patchwork me enseñó, sobre todo, a tener paciencia con el proceso de aprendizaje de otra persona — y con el mío propio."
Por qué sigo estudiando
Ahora mismo estoy cursando el Grado Superior de Patronaje y Moda. Quiero entender mejor cómo se construye una prenda desde cero, para poder ofrecer encargos más ambiciosos y llevar mis clases de Costura Creativa un paso más allá. Todo lo que aprendo, tarde o temprano, termina en el taller de Mercería Fildor.
Antes de la costura ya me había formado como docente — soy diplomada en Magisterio de Lengua Extranjera (Inglés) y en Magisterio de Educación Infantil, y tengo el C1 de inglés. Esa base es la que sigo usando cada semana, solo que ahora en vez de una pizarra tengo una mesa de corte.